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domingo, 24 de abril de 2016

"...cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches."

" Lo único que tenía claro era que entre la prosa y los versos prefería los versos, y entre éstos prefería los de amor, que aprendía de memoria aun sin proponérselo desde la segunda lectura, con tanta más facilidad cuanto mejor rimados y medidos, y cuanto más desgarradores."
Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.

O Me! O Life!, Walt Whitman

"Oh me! Oh life! of the questions of these recurring,
Of the endless trains of the faithless, of cities fill'd with the foolish,
Of myself forever reproaching myself, (for who more foolish than I, and who more faithless?)
Of eyes that vainly crave the light, of the objects mean, of the struggle ever renew'd,
Of the poor results of all the plodding and sordid crowds I see around me,
Of the empty and useless years of the rest, with the rest me intertwined,
The question, O me! so sad, recurring- What good amid these, O me, O life?

                               Answer.

That you are here- that life exists and identity;
That the powerful play goes on, and you may contribute a verse."



viernes, 22 de abril de 2016

IV Feria Solidaria del libro

Nada fomenta tanto la lectura como verse rodeado de libros, de lectores consagrados y de aquellos que están aprendiendo a leer.  Termina hoy la IV Feria Solidaria del libro. Gracias por haber formado parte de ella de todas las formas posibles. El año que viene, seguiremos llenando de palabras por descubrir la imaginación de los lectores.


lunes, 18 de abril de 2016

A las puertas de la semana del libro...


Cuando en 1981 Italo Calvino publicaba su célebre Por qué leer a los clásicos, yo todavía no lo conocía. Tiempo después tuve la suerte de descubrir a su barón rampante y a un viajero en una noche de invierno, recuerdo ahora, y pensé que estaba ante una literatura que me sorprendía y me hacía pensar. Y eso era mucho.
Tiempo después llegaron las clases, y las palabras de Calvino para animar la lectura de los clásicos me han acompañado muchas veces y me han servido en mis clases de literatura. 
Quiero recordar ahora una de esas definiciones:
  1. “  Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad.
  2. Naturalmente, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por  amor. Salvo en la escuela: la escuela debe hacerte conocer bien o mal cierto número de clásicos entre los cuales (o con referencia a los cuales) podrás reconocer después «tus» clásicos. La escuela está obligada a darte instrumentos para efectuar una elección; pero las elecciones que cuentan son las que ocurren fuera o después de cualquier escuela.”
La escuela, los profesores, tenemos una responsabilidad para con los clásicos. Es cierto e ineludible. Pero yo hoy quiero hablar de amor, de la chispa que salta, siempre fuera de cualquier escuela, ante un libro que te roba el sueño y el aliento, como en las mejores historias de amor. Uno de ellos es Suave es la noche, de Scott Fitzgerald, con Nicole y Dick danzando por la costa de Niza, confusos y hermosos, frágiles y jóvenes para siempre. Ese es uno de mis clásicos, revisitado a las puertas de esta semana del libro.
“Ante la verja le dio un beso de despedida casi maquinalmente. Había cambiado el sonido de sus pies sobre la grava del camino y los ruidos nocturnos del jardín pertenecían de pronto al pasado, pero de todos modos se alegraba de haber vuelto”.
Gemma Garzón